Dentro del diagnóstico de la educación superior chilena se pretende abordar el financiamiento de esta misma, junto con la expansión de la oferta y la demanda, la cobertura de las instituciones, y además conceptualizar el lucro. Esto nos permitirá realizar una prospectiva de la educación, considerando que es necesario plantearla en diversos escenarios, tomando en cuenta que estos dependerán del correcto uso de los recursos que se destinen, sin dejar de lado los conceptos de eficiencia y equidad.
Se identifica en primera instancia que el momento clave para creación de la estructura del financiamiento es en el año 1981, instancia donde se de dicto el DFL 4, el cual sustituyó el antiguo sistema, basado exclusivamente en el Aporte Estatal, Denominado Aporte Fiscal Directo (AFD), el cual se establecía en la ley de presupuesto. Este cambio contempla tres formas de financiamiento: a) Aporte Fiscal Directo (AFD), b) Aporte Fiscal Indirecto (AFI) y Ayudas para estudiantes conformado por créditos y becas para aranceles.
Otro de los puntos importantes es la evolución y explosión de la oferta y la demanda en la educación chilena, esto se ve reflejado en la emergente creación de universidades, las cuales 1981 solo eran sólo 8 (Universidades tradicionales), llegando en la actualidad a 59, compuestas tanto por Universidades Privadas, como por aquellas “tradicionales” o pertenecientes al Concejo de Rectores de Universidades Chilenas (CRUCH). Pero ¿Cuál es el efecto de esta expansión? En primera instancia observamos un beneficio importante para nuestro país, puesto que nos permite diversificar y capacitar nuestros “talentos” para obtener una población educada y con buenos estándares para el mundo laboral, fuente de la economía. Sin embargo los efectos negativos se asocian a varios factores, que vienen en primera instancia acompañado del bajo aporte del Estado a la Educación superior (3,8% del PIB), por lo cual ha sido la antesala para que las instituciones de nivel superior deban y además tengan la libertad de autofinanciarse. Esto en definitiva se ve reflejado en el aporte de entes privados, destacando que las instituciones privadas no solo están referidas a personas Jurídicas, las cuales realizan, efectivamente un aporte, para un descuento tributario; sino que además se identifican a las familias como instituciones de la sociedad (por ende también del mundo privado), las cuales disponen de su presupuesto para la mantención, tanto del gasto de asistencia escolar (matriculas, aranceles, etc.), como además, para gastos vinculados a la calidad de la mantención de los alumnos. Situación que se complica aún más teniendo en consideración que los aranceles han presentado un alza de casi un 180% por sobre el índice del precio al consumidor, por lo tanto, si un arancel cuesta $ 223.650 (cifra en relación al SERNAC) y el ingreso promedio Per cápita familiar es de $193.250 (cifra calculada tomando el índice del PIB, dividida por la cantidad de habitantes), nos permite estimar el sobreendeudamiento que se genera en las familias y de esta manera afirmar que la educación chilena es una de las más caras de Latinoamérica y del mundo.
En cuanto al Lucro podemos determinar que es la apropiación del excedente generado por una organización o empresa que produce bienes y servicios. Actualmente el lucro se ve reflejado en cuatro situaciones puntuales: 1) las universidades pagan un arriendo a inmobiliarias que tienen inversiones en estas instituciones; 2) externalización de servicios; 3) asociándose a institutos profesionales o centros de formación técnica que gozan de “fines de lucro”; y 4) a través de la venta de la universidad.
Por tanto el “encarecimiento estudiantil” se debe básicamente a causa de un Estado Neoliberal, que utiliza a su favor el concepto de subsidiaridad, llevando este a su máxima expresión, dejando a instituciones estudiantiles con bajo presupuesto, los cuales deben recurrir al autofinanciamiento, traspasando gran parte del “peso” a quienes presentan el anhelo de una educación de calidad y por ende movilidad social de sus hijos, es decir a las Familias chilenas.
Integrantes: Marcos Ávalos; Fredy Cea; Iván Gamin; Valentina Duran; Nicolas Pino